Entrenamiento infanto-juvenil: cuanto antes, ¿mejor?

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Introducción

Sabemos que al comienzo de las prácticas deportivas en edades tempranas, lo primero que nuestros niños y niñas desean hacer es imitar a sus máximos referentes deportivos.

Hoy te vamos a explicar cómo llevar a adelante un buen entrenamiento infanto- juvenil.

¡Empecemos!

¿Quién no ha escuchado a alguna personita decir que quiere tener el abdomen de Cristiano Ronaldo, la pegada de Messi o la fuerza de Sonny Bill Williams? Mientras tanto, padres, madres y especialistas del entrenamiento buscan formar a estas pequeñas personas para que sean capaces de sacar ventaja frente a los rivales, llegar a la élite y si pueden lograrlo de forma temprana, aún mejor. ¿No es así?

La lógica nos diría que cuanto antes comiencen a entrenar como personas adultas, mejores resultados deportivos tendrán en su adultez. Veremos qué tan cierto es…

Especialización temprana, ¿es conveniente?

La especialización temprana se define como la participación intensiva en un único deporte, con grandes cantidades de horas brindadas al entrenamiento específico y con el beneficio de poder optar a un rendimiento temprano (Ericsson 1993, Cote 2007).

Joyanthi y col. (2013) nos menciona: “si se decide por especializar a un niño en un solo deporte, ya sea porque el deporte así lo exige o por la búsqueda de un rendimiento temprano, las actividades deportivas y los períodos de entrenamiento especializado deben ser monitoreados de cerca para detectar indicadores de agotamiento, lesiones por uso excesivo o posibles disminuciones del rendimiento por sobreentrenamiento.”

Hasta el momento pareciera que, si tenemos control, monitoreo y dosificación adecuada del entrenamiento, los beneficios a futuro se verían multiplicados.Sin embargo, Cote y col. (2009) han enfatizado en un extenso documento que la especialización temprana acorta el tiempo de rendimiento a futuro, aumentando el abandono y el riesgo de lesiones en atletas juveniles. Unos años después Jayanthi y col. (2015) encontraron que los atletas que participaron en su deporte principal durante una cantidad de horas mayor a su edad (ejemplo, un atleta de 13 años practica más de 13 horas a la semana un deporte en específico) tenían más probabilidad de sufrir una lesión (figura 1).

Un poco más tarde, pero no tanto, Post y col. (2017) afirmaron que las personas menores que practicaron su deporte principal durante más de 8 meses al año tenían probabilidad de sufrir una lesión por uso excesivo de extremidades superiores e inferiores.

¿Qué quiere decir esto? 

Al parecer, la especialización temprana generaría un mayor desgaste y resultados negativos para la salud, alta incidencia al agotamiento, aumento del riesgo de lesión por adaptación forzada y falta de desarrollo fisiológico, aislamiento social, limitación del crecimiento interpersonal, desarrollo conductual e independencia y estrés por no cumplir expectativas (Malina 2010, Jayanthi 2013, Popkin 2019).Por otro lado, en un interesante estudio de Güllich y col. (2016), compararon 83 pares de deportistas de alto nivel que incluían 38 campeones olímpicos y mundiales, y otros no medallistas (emparejados por deporte, género y edad).

Los principales hallazgos fueron que el grupo ganador de medallas había invertido significativamente menos tiempo en la práctica específica de su deporte durante la infancia en comparación a quienes no habían obtenido ninguna medalla. No obstante, también se descubrió que el grupo de personas ganadoras pasó una mayor cantidad de tiempo en la práctica de múltiples deportes (figura 2).

Conclusión

Pareciera que a simple vista la especialización temprana traería beneficios deportivos en aquellos niños, niñas y jóvenes  que entrenan como personas adultas. Sin embargo, es importante entender que una persona menor de edad, que se inicia en el deporte de alto rendimiento, no responde de la misma manera que una persona adulta. La búsqueda de adaptación forzada y la falta de desarrollo fisiológico característica de las infancias, lleva a un alto riesgo de lesión, agotamiento, abandono, entre otras complicaciones. También parece interesante buscar la participación en programas de desarrollo infanto-juvenil a largo plazo que fomenten la diversidad en la práctica y actividades, generando una base motriz variada que produzca adherencia y, si a futuro no formara parte del grupo de deportistas de élite al menos podremos asegurarnos que será una persona adulta sana y activa.

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