El desarrollo de la agilidad en edades tempranas no depende únicamente de entrenamientos específicos, sino también de la riqueza motriz que aporta el juego variado y deliberado. A través de actividades lúdicas —como juegos reducidos adaptados— los niños pueden practicar patrones de movimiento clave (acelerar, desacelerar, cambiar de dirección, lanzar, recepcionar) en contextos que implican toma de decisiones reales. Esta combinación favorece el aprendizaje implícito, evita los riesgos de la especialización temprana y potencia habilidades transferibles al deporte, todo mientras se preserva el disfrute y la interacción social.
En el mundo del entrenamiento, el conocimiento técnico es clave… pero no lo es todo. Esta lectura obligada repasa las lecciones aprendidas de un entrenador que, con rutinas poco ortodoxas, lograba un éxito que muchos técnicamente más preparados no alcanzaban. La diferencia estaba en sus habilidades blandas: amabilidad genuina, conexión personal, memoria para los detalles y preocupación real por sus alumnos. Una reflexión sobre por qué, más allá de la fisiología y la biomecánica, la empatía y la capacidad de relacionarse pueden marcar la diferencia entre un entrenador más… y un entrenador inolvidable.
El desarrollo físico en la infancia y adolescencia no ocurre de forma lineal: existen períodos sensibles en los que el cuerpo está especialmente receptivo para aprender y mejorar ciertas cualidades físicas y habilidades. En este artículo analizamos cómo el juego libre, la alfabetización física y el entrenamiento estructurado pueden combinarse para crear una base motriz sólida antes de la especialización deportiva. También exploramos el rol del PHV (pico de velocidad de crecimiento) —popularmente llamado “estirón”— y cómo aprovecharlo para potenciar el rendimiento en edades tempranas.
En el alto rendimiento, fijar metas claras no es opcional: es imprescindible. En este artículo te explicamos cómo la metodología OKR (Objectives and Key Results), utilizada por empresas como Google, puede aplicarse en clubes y organizaciones deportivas para alinear objetivos, medir resultados y optimizar procesos. Aprendé qué son los Objetivos y los Resultados Clave, cómo diseñarlos de forma medible y alcanzable, y descubrí consejos prácticos para implementarlos con éxito: desde limitar su número y permitir que el equipo participe en su definición, hasta mantener la flexibilidad y aprender de los fracasos. Una herramienta simple, pero poderosa, para mejorar la performance diaria.
En el deporte, aprender un movimiento no es solo cuestión de repetirlo: la clave está en cómo lo enseñamos y practicamos. En este artículo exploramos las leyes del aprendizaje motor, desde el foco externo de atención —que prioriza el resultado antes que el proceso— hasta el valor de la retroalimentación y la variación en el entrenamiento. Vas a descubrir por qué las instrucciones internas suelen ser contraproducentes, cómo evitar la monotonía que frena las adaptaciones y qué estrategias usar (diferencial, aleatoria, bloqueada) para optimizar la transferencia de habilidades al juego real.
Organizar una rehabilitación eficaz requiere mucho más que seguir una secuencia de ejercicios: implica aplicar criterios claros de progresión, integrar modelos de periodización y adaptar cada fase al contexto y objetivo del deportista. Este artículo presenta un modelo práctico y flexible para estructurar el trabajo, basado en bloques que pueden sumarse o retirarse según la evolución, minimizando el riesgo y optimizando la demanda. La propuesta combina control técnico, variabilidad y especificidad, desde tareas básicas hasta la simulación de las exigencias reales del deporte, ofreciendo una guía adaptable a cualquier lesión o proceso de recuperación.
El entrenamiento infanto-juvenil plantea un debate clave: ¿comenzar antes garantiza mejores resultados? La especialización temprana —dedicación intensiva a un solo deporte desde edades cortas— puede ofrecer un rendimiento precoz, pero también conlleva riesgos como agotamiento, lesiones por sobreuso y menor desarrollo multilateral. La evidencia sugiere que el monitoreo, la variabilidad de estímulos y la progresión adecuada son esenciales para proteger la salud y el futuro deportivo de niños y adolescentes.
La evaluación del sprint curvilíneo es clave para comprender y mejorar una habilidad determinante en deportes de conjunto, donde rara vez se corre en línea recta. En esta segunda parte, exploramos protocolos prácticos para medir el rendimiento en curvas, diferencias entre partida estática y lanzada, y variables como radio, distancia óptima, lado dominante y pérdida de velocidad. Una guía para que entrenadores diseñen y adapten sus propias pruebas, optimizando la performance de sus atletas con criterios específicos y contextuales.
El perfeccionismo puede ser un motor de excelencia o un freno para el progreso. La ciencia lo describe como un arma de doble filo: los “esfuerzos perfeccionistas” impulsan la organización, el trabajo duro y el orgullo por los logros, mientras que las “preocupaciones perfeccionistas” alimentan la autocrítica, el miedo al fracaso y la baja autoestima. Este artículo explora cómo transformar el perfeccionismo en una herramienta positiva para entrenadores personales y profesionales del deporte, incorporando hábitos prácticos que potencien el rendimiento sin caer en la parálisis por análisis.
El salto vertical es mucho más que una muestra de potencia: es una habilidad base que influye en frenos, cambios de dirección y maniobras explosivas. Su entrenamiento se sustenta en tres pilares clave: calidad de ejecución (técnica, control de volumen y progresiones adecuadas), fuerza (aplicar más fuerza en menos tiempo, combinando pesas y pliometría) y energía elástica junto al stiffness (aprovechar el Ciclo de Estiramiento-Acortamiento y mejorar la transmisión de fuerza). Dominar estos aspectos no solo eleva la altura del salto, sino el rendimiento global del atleta.









