El sprint curvilíneo es una habilidad clave en numerosos deportes, pero su biomecánica y entrenamiento han sido poco explorados. Investigaciones recientes muestran que correr en curva reduce la velocidad máxima en comparación con la trayectoria recta, debido a la necesidad de generar fuerzas centrípetas y al cambio en la distribución de las fuerzas de reacción del suelo. Modelos como el de Greene (1985) y estudios como el de Chang & Kram (2007) revelan que radios de giro más pequeños incrementan el tiempo de contacto y disminuyen la velocidad, con diferencias claras entre la pierna interior y la exterior. Comprender estos mecanismos permite optimizar el entrenamiento y la táctica en deportes de equipo y pruebas de velocidad.
